Bombillas chinas modernas, alumbran el hierro de su perspectiva.
Su curioso enfoque de última generación, filtra poemas reflexivos de todo aquello que ve y considera vivo.
El humo capitalista arrasa con sus concienciadamente diseñados aubeolos, mientras su pecho de mármol da golpes hacia ambos lados.
El hibrido está incorporado, no demasiado tumbado, mirando intimidado su cielo contaminado, desde ningún lado.
Sus piernas medio hormiguero se desorganizan y no le dejan estar quieto...
Canta a las fábricas jupiterianas:
Depresión, sal de tu prisión.
Rompe el embrujo y hechízame con toda clase de lujos.
Extraño tu estremecimiento macabro y tu poco cuidado.
Tú apareces y devastas como experta masacre.
Eres atómica. La mejor de las amenazas ¡campeona!
Depílame la fea felicidad y pinta a pinceladas traumas en cantidad.
Zorra celosa, llenas más que las feromonas.
Moldéame la espina dorsal, a tu antojo, me da igual.
Si te tengo cerca, mi tabique se quiebra.
Mis cartílagos ya ni se quejan...
No importa, yo ya no soy miembro de esta Tierra.
Que gira cada vez más lenta, cansada y políticamente reprimida.
Mi universidad está en las estrellas y mi casa de campo inutilizada, se levanta sobre el cráter de esa Luna que siempre nos contempla.
Oh insaciable tristeza...
Vuelve y cántame a la oreja...
Deshaz en un gris gelatinoso mis motivaciones, yo las secaré con mis pantalones peleones.
Estos mismos que esconden ambos jamones, que duelen cuando se ven a plena luz bajo el foco de alguna calavera agusanada.
No me permitas pronunciar, ni acariciar, ni siquiera gesticular como espía, la comercializada palabra AMOR.
Despégalo bruscamente de cuajo, como un diente atado a un cordón cogido a un portazo.
Se me erizan las espinas y se me rasga la mirada, cuando suspiro su presencia permanente...
El amor trasciende a mis posibilidades afectivas.
Esta ahí como una estatua.
Parado, encementado en una maceta con raíces al centro de la tierra.
El núcleo magnético le tiene agarrado por el cuello.
Él lo activa igual que él mismo lo vacía, de repente.
Descongela todo lo que aparentemente se supone estrictamente establecido, por algún motivo, que no distingo: él devasta, dice basta y no para.
Como un bosque canadiense en llamas.
Paraliza lo mucho que molesta, es un asunto misterioso, odiosamente nulo.
Ha colonizado mis ideas, ha clavado su bandera en el centro de mis letras.
Releo con celos las mil y una historias inspiradas por ese caballero, exquisitamente bohemio, proporcionado en su arte de vivir.
Pasea suave el flamenco.
Como un espíritu en pena, que vaga por los pasillos de mi colmena.
Controla mis acciones, tiene el mando y no ordena, no aprieta las teclas.
Me deja ahí parada, atada a una cadena kilométrica.
Amor de pena. Dame amor perra. No sabe la paliza que le espera.
Lo he evitado, de verdad que le he esquivado y he dado cada curva de mi buen lado.
Mi carril desviado.
Por un par de faros demasiado enfocados, atrayentes hasta el descaro...
Que bárbaro, que absurdamente accidentado.
Te deslumbro y me relamo todos mis labios.
Y me salgo, me voy disparado fuera del asfalto, igual que un chorro lanzado desde lo más goteante.
Desde lo más alto.
Que mea todos los costados blancos, espumeante delirio de colores y aromas cortantes.
ZUUUUUUUUUUUUM....AH
Fijo mi candado a un desencadenamiento de acontecimientos estrujantes.
Cóseme los labios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario