La mañana, mi noche temprana.
La alergia, mi fiel compañera que despierta.
La vejiga, repleta y dispuesta a darme el primer placer del día.
La cafetera, me grita con humos desde la cocina y a el cigarro me lo degusto antes de lo recomendado.
La ventana, abierta para que el barrio escuche mi blues y sepa que estoy levantada, danzarina y sin pijama.
La cabeza, pesada y en un continuo levitar se mueve entre la luz y los parpados que caen bajo llave.
El espejo, burlón que no pierde detalle me reta nada mas secarme con salir a la calle.
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